Para el centenario de la
Revolución de Mayo se realizan otros dos Congresos. Uno es el que organiza
el Consejo de Mujeres que se denomina “Congreso patriótico y Exposición
del Centenario” (la tendencia que hemos denominado “femenina y de
mejoramiento”). En él se vota afirmativamente una propuesta de
su secretaria Srta. Martínez en la que se declara solemnemente no aspirar
al derecho de sufragio por ser la acción de este Congreso pacificadora,
educadora, controladora y por reconocer que los derechos cívicos deben
ser patrimonio exclusivo del hombre culto y moral. Naturalmente, la Exposición
que acompaña a este Congreso es una exposición de “Labores
y obras de industria femenina” ejecutadas en la República. Y “La
Nación” se complace de la mesura y sensatez con que la mujer celebra
el Centenario.
Las otras agrupaciones, encabezadas por la Asociación de Universitarias
Argentinas organizan el Primer Congreso Feminista Internacional de la República
Argentina, que sesiona en la semana previa al 25 de mayo. Concurren representantes
de instituciones extranjeras afines y considera sus sesiones diversos temas
y comunicaciones que van desde “El bambú japonés”
de corina Echenique Uriarte, hasta los “Estudios sobre niños débiles”
de la Dra. Rawson de Dellepiane o un trabajo de la Dra. Lanteri Renshaw denominado
“Prostitución”. Sin embargo el Capítulo importante
del Congreso es la sección Derecho donde aparecen los temas referidos
a los derechos civiles y políticos de la mujer. Incluye también
notas que hoy encontramos pintorescas pero que, en realidad, están inspiradas
en doctrinas filosóficas y científicas de la época, así
como en las respectivas formaciones académicas de las líderes
del movimiento: la preocupación por la higiene y la salud pública
y una confianza “comtiana” en las posibilidades que brindan las
leyes para modificar lo que hoy llamaríamos “aspectos indeseables
del desarrollo”. Véase sino la consecuencia temática de
esas profesionales: la Dra. R. de Dellepiane se gradúa en 1893 con una
tesis denominada “Apuntes sobre higiene de la mujer” y la Dra. Moreau
en 1914 con una tesis sobre “La función endocrina del ovario”.
En este Congreso vuelve a presentar Fenia Chertkoff el proyecto de “Ley
de la silla”, sancionado posteriormente por decreto del gobierno yrigoyenista
en 1919.
Algunas propuestas de la sección Derecho son aún motivo de lucha
para las organizaciones feministas de nuestro país, como el referido
al divorcio absoluto “siempre que en su reglamentación se pongan
las limitaciones necesarias a fin de que no degenere en abuso”. O la otra
consigna “Igual salario por igual y trabajo”, reemplazada ahora
por la igualdad en el acceso a las posiciones laborales.
El sector “sufragista y clasista” apoyó activamente al Congreso.
Sin embargo, en las páginas partidarias de la revista “Humanidad
Nueva”, posteriormente dirigida por Alicia Moreau, ésta señala
como balance del mismo el haber abierto un camino pese al lirismo de las declaraciones
aprobadas.
Como sanción por si participación en este congreso, al que el
Consejo nacional de Mujeres denomina “feminista liberal”, la Dra.
Grierson es expulsada de dicha institución.
El 14 de mayo, en los días previos al centenario y preparatorios del
Congreso, la redacción de “La Vanguardia” es incendiada y
las mujeres, reunidas en el local partidario, corren hasta la imprenta a observar
los daños. Así lo informa el diario en el mes de septiembre, después
del levantamiento del estado de sitio, en la crónica que Carolina Muzzilli
escribió sobre el atentado.
Fuente: (Segmento) María
del Carmen Feijoo, “Las Luchas Feministas”, en Todo es Historia,
Número Nº ¿?, Director: Félix Luna; Editor Emilio
Perina, Buenos Aires. 1978.